





Define campos obligatorios: identificador único, composición, masa, dimensiones, métodos de fijación, instrucciones de desmontaje, ciclos esperados, EPD asociada, estado, ubicación y propietario. Mapea propiedades IFC y crea plantillas reutilizables. Mantén control de versiones con historial de cambios. Esta disciplina evita divergencias entre documentación y realidad, permitiendo auditar decisiones y transferir activos entre proyectos con confianza y baja fricción operativa.
Conecta cada componente a su EPD vigente y verifica fechas, alcance y reglas de categoría. Enlaza con bases nacionales de referencia para validar factores. Cuando falten EPD específicas, documenta sustituciones y limitaciones. Pide a proveedores actualizaciones periódicas y evidencia de procesos. Esta trazabilidad sostiene comparaciones justas, facilita cumplimiento y previene claims posteriores basados en interpretaciones parciales o desactualizadas.
Configura algoritmos que calculen porcentaje de masa reutilizable, valor recuperable y emisiones evitadas por cada módulo. Programa recordatorios de mantenimiento basados en uso real y condiciones ambientales. Cuando un componente supera umbrales de desgaste, dispara alertas y propuestas de rotación. Compartir estos tableros con clientes impulsa decisiones oportunas, contratos de servicio y una cultura de mejora continua con datos accionables.